Baikonur, el pueblito Ruso donde ha caído mas basura espacial

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Baikonur, el pueblito Ruso donde ha caído mas basura espacial

Mensaje por e rondon el Lun Sep 26, 2011 11:44 am



Las fotos excelentes que acompañan este post son obviamente de Bendiksen, entre otras cosas sigo aprendiendo ruso para algún día hacer un reportaje sobre estos chatarreros espaciales. Hay una entrevista al fotógrafo sobre su trabajo aquí, en el observatorio Eurasia, realizada por Ana Sánchez Resalt.



Es posible que en algún pueblecito, así a ojo, de Karaganda, Kamenogorsk o Pavlodar –que como todos sabemos son conocidas, reputadas y mal pobladas provincias de Kazajstán–, algún que otro vecino esté maldiciendo la posibilidad de que el satélite descontrolado, el UARS, no les caiga un poco cerca.

Esta semana he presenciado con deliciosa ternura esta mini psicosis colectiva con la remota posibilidad de que nos caiga un satélite descontrolado en la cocorota. Como si fuese algo completamente inédito. ¡Vaya cosa! ¡No nos cae el gordo de Navidad, ni el Euromillón, nos va a caer el UARS! ¡Pero no ven que juega más gente, a menos toca!

Salvando la grandísima posibilidad de que el cacharro caiga sobre el mar, ya que la mayor parte del planeta es agua, o sobre alguna vasta, vastísima, región sin habitar… Me gustaría saber qué está pasando ahora en algunos de esos pueblecitos kazakos que he mencionado.

Quizás no nos hemos parado a pensar que gran parte de la basura espacial no es la que está en órbita reflotando alrededor de la Tierra –¡Ay, esas bolsitas urinarias de los cosmonautas, qué floten, qué floten por muchos años allá arriba! Eso sí que me preocupa que el día menos pensando nos meen en el ojo!–, sino la que se genera en el despegue de estos mastodónticos cohetes que ponen en órbita a los satélites y se van desprendiendo durante el viaje a la estratosfera de diferentes piezas auxiliares o tanques de fuel agotado en el despegue.

Bien, la mayoría de los tirachinas espaciales más importantes desde donde se empuja a estos ingenios al espacio están cerca del mar: la base de la NASA en Cabo Cañaveral o la de la agencia europea ESA en la Guayana franca… Pero quizás no hemos reparado en que el mayor de ellos y el más antiguo de todos, el cosmódromo ruso (soviético) de Baikonur está dentro, pero bien adentro de la línea costera. En el corazón de Asia Central, en las entrañas de la estepa kazaka y uno de los lugares más alejados de los océanos.

Baikonur es un lugar mítico para la historia de la exploración espacial, desde donde se lanzaron los primeros satélites, se avanzaron en las telecomunicaciones y desde donde Yuri Gagarin partió al espacio. Baikonur ha sido hasta ahora el cosmódromo con mayor actividad del planeta.

Pero volviendo a este pequeño hilo argumentativo y con una perspectiva muy soviética del asunto… Ya se pueden imaginar donde se despanzurraban todos esos complementos auxiliares de satélites, cohetes, cápsulas y demás monadas cósmicas. ¿Me siguen, no?

Bien pensado, el sitio era idóneo: lanzamos los cohetes, caen sobre la Tierra –tontos americanos que los tiran al mar-, los recogemos y aprovechamos de nuevo el material. De hecho, para buscar una localización para el cosmódromo las autoridades de Moscú pusieron como condiciones que fuese un lugar poco poblado, que lloviese poco y que pasase una línea de ferrocarril cerca. Era la descripción más fiel a la meseta de Betlak-Dala, la “estepa hambrienta”, en kazako.

Y el asunto funcionó, la URSS era pionera en reciclaje de todo tipo y no iba a ser menos en el de cacharrería cósmica. El problema fue que cuando la URSS entró en decadencia, luego se extinguió y ya nadie más se preocupó ni de dónde caían ni de recogerlos. Y también tiene muchísimas implicaciones y consecuencias tóxicas sobre las personas y sobre la flora y el medio ambiente.

Pero también es cierto que hoy muchos de los lugareños de estas provincias esteparias en las que no se cruzan más de seis personas por kilómetros cuadrado (la densidad de población media) y que malviven con una economía de subsistencia dependiente de pésimas cosechas y heladas crueles, de tanto en tanto, si no les destroza la casa, ven caer cerca algunos de los restos de satélites que casi mensualmente se lanzan desde allí. Y es una buena noticia. En cuanto hay un avistamiento de donde se ha estrellado se corre la voz y se pone en marcha toda la cuadrilla de chatarreros. Se aprovecha todo y se hace un buen negocio.

Jonas Bendiksen es un fotógrafo noruego que entre otras cosas de 1998 hasta 2005 se dedicó a viajar por los lugares más remotos de la antigua URSS, por aquellas repúblicas satélite (la afueras de las afueras): Abjasia, Kazajstán, Kirguistán, Transnistria o la nación judía de Rusia –en un recóndito rincón próximo a China y Manchuria-.

Además de recorrer las repúblicas satélites, Bendiksen descubrió en sus paseos por la estepa kazaka los satélites de verdad, esos trozos descomunales como bidones de telecomunicaciones, amasijos revueltos de chapa y hierros y los convirtió en una pequeña obsesión. Dedicó gran parte de su tiempo a retratar y localizar todo tipo de chatarra espacial que caía sobre la inmensa llanura centroasiática o siberiana y cómo los lugareños interactúan con ella y cómo –por supuesto- hacen negocio. Bendiksen retrató a estos “chatarreros cósmicos”.

Para que nos hagamos una idea de lo que estamos hablando. En lo que queda de septiembre de 2011 están programados los siguientes lanzamientos (así en plan pregón de fiestas patronales): el día 29 hacen 2×1 y se lanzan a la vez un satélite de observación, el Belka-2, y el Kanopus-Vulcan. Los empujará la mítica lanzadera Soyuz FG. Para los próximos días y sin fecha fija todavía, se lanzará un satélite comercial para comunicaciones, el Quetzsat.

Tan sólo en el mes de octubre desde la estepa hambrienta de Baikonur habrá seis lanzamientos. La mayoría son satélites privados para fines comerciales o de telecomunicaciones, pero también otros que van a darse un paseo por Marte a recoger muestras. En cualquier caso, tocan a más de un trozo de satélite espachurrado cerca de casa por semana a lo largo de un mes. Podéis consultar todos los lanzamientos, aquí.

Vamos, que creo que yo que por uno que nos caiga por aquí cerca, tampoco nos va a pasar nada. Que es algo bastante habitual en Asia Central.

Y con un poco de suerte sacamos unos eurillos o esa chapa para la barbacoa que nos hace falta en el pueblo para las costilladas, el tirafondo del calibre que nunca encontramos en la ferretería o el típico regalo para el día del padre.



* “Kakaia mierskaia”, a pesar de lo que pueda parecer por su sonoridad significa en ruso algo así como “¡qué fatalidad!” o mejor “¡qué asco!”. Pero en castellano suena muy potente.




e rondon

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